Hoy en día una mujer que sabe que
se halla infectada por el VIH y que se halla en
los primeros meses de un embarazo debería recibir:
acceso a un adecuado tratamiento
antirretroviral, ("cócktel" de AZT con otras drogas)
bien monitoreado, durante el embarazo y el parto.
adecuada terminación de su embarazo al final de
la gestación, ya sea por cesárea electiva o por
parto en ciertas condiciones.
Preguntas
Guía
1-¿Qué
debería recibir una mujer
que sabe que se encuentra
infectada por el VIH y se
halla en los primeros meses
de un embarazo?
2-¿Cuál
es el requisito básico para
permitir este escenario?
3-¿Cuáles
fueron los antecedentes de
la administración de tratamientos
antirretrovirales en el embarazo?
4-¿Qué
problemas acarrea la lactancia?
En
cada tema encontrará más preguntas
guía
adecuado consejo sobre lactancia,
con una fuerte recomendación, en nuestro medio,
de no amamantar el niño al pecho.
Cumpliendo con estos tres requisitos, las chances
de una mujer con VIH embarazada de tener un
niño sin VIH son superiores a un 97%. Esta proporción
de éxito esperable, inimaginable años atrás
cuando no superaba el 70%, junto con las técnicas
de reproducción asistida, hacen de la reproducción
entre personas con VIH un tema con muchos posibles
abordajes y relativos buenos márgenes de seguridad,
por lo que toda pareja o persona con VIH o con
dudas sobre VIH debería informarse adecuadamente
sobre sus opciones para hacer la mejor elección
posible. Lamentablemente, estos avances, que
en Argentina se hallan en gran medida disponibles
para toda mujer o pareja, no son accesibles
a más del 90% de las mujeres y parejas del mundo
afectadas por el VIH, que enfrentan su vida
reproductiva con gran incertidumbre en condiciones
de escasos recursos terapéuticos y asistenciales.
Sin detección
no hay tratamiento
Como requisito base para permitir
este escenario, se debe saber oportunamente
que una mujer se halla infectada por el VIH
para poder brindarle el adecuado tratamiento.
Para hacer posible esto, los profesionales de
la salud, en general gíneco-obstetras, obstétricas,
o médicos generalistas, deben ofrecer a toda
mujer embarazada, en el comienzo de su embarazo,
una prueba de VIH voluntaria, con su debido
asesoramiento y consentimiento informado. A
las mujeres que no controlaron su embarazo,
la prueba debe serles ofrecida en el momento
del parto o en el puerperio inmediato previo
al alta. Esta es una medida de salud pública
en proceso de rápida expansión en todo el mundo.
En el ámbito de la Secretaría de Salud Pública
de Rosario, se halla respaldada por la Resolución
219 de junio de 1998. En este sentido, los Equipos
de Salud de las Maternidades Martin y Roque
Sáenz Peña, así como los de Atención Primaria
de la Salud, han alcanzado hoy una amplia cobertura
del universo de embarazadas atendidas con esta
simple y vital prueba de laboratorio, que puede
literalmente, cambiar el pronóstico y la calidad
de vida de un niño y de una familia. Toda la
evidencia indica que casi el 100% de la mujeres
embarazadas atendidas en nuestros servicios
acepta este análisis, cuando se le explican
en forma correcta sus beneficios para el futuro
de su bebé.
La administración de cualquier
fármaco a una mujer embarazada debe ser cuidadosamente
evaluada en cuanto a riesgos y beneficios, tanto
para la salud del niño en gestación como para
la salud actual y futura de la madre que lo
está gestando. En el campo de trabajo de los
tratamientos antirretrovirales, el primer objetivo
fue la prevención de la transmisión del VIH
de la madre al niño, y en los años recientes
hemos asistido a la incorporación de un nuevo
objetivo: el tratamiento más adecuado posible
para la madre de acuerdo a su momento evolutivo
de la infección por VIH, buscando evitar los
tratamientos subóptimos, con su consecuente
desarrollo de resistencia viral, etc.
El primer ensayo clínico aleatorizado
en esta materia, una mención obligada, fue el
estudio PACTG 076, hecho por EEUU y Francia
entre los años 1991 y 1993, con mujeres embarazadas
y VIH positivas de sus países. Este estudio
demostró claramente que el AZT (zidovudina)
administrado a estas mujeres desde el 2do trimestre
y hasta el parto, a dosis de 600 mg diarios,
más AZT endovenoso en el momento del parto,
más AZT al recién nacido como jarabe por 6 semanas,
con sustitución de la lactancia, disminuía la
transmisión de 25% a 8%. La novedad recorrió
el mundo, como alerta clínico, y puso en marcha
programas de prevención de la transmisión vertical...
en todo lugar donde se pudiera enfrentar el
gasto, por cierto alto, de las tres etapas del
tratamiento.
Se puede decir que desde el PACTG
076, se dan dos corrientes de investigación
que hoy ya han dado sus resultados. Una primera
corriente se da en los países menos desarrollados,
pero con financiamiento, diseño, apoyo, etc.
de los países centrales, y buscó alternativas
más económicas y menos complejas que dicho estudio,
pero que conservaran la mayor eficacia posible.
Hoy existen varias alternativas de tratamiento
acortado y simplificado, con AZT, AZT más 3TC,
o nevirapina, cuyo análisis no es pertinente
aquí. La mayoría de estos protocolos están pensados
para ser administrados en forma perinatal y
luego suspendido ya que se los pensó para contextos
donde no existía o no existe aún posibilidad
de brindar tratamiento antirretroviral a toda
persona con VIH, (situación intolerable que
es misión de la comunidad mundial erradicar).
Cada país toma la posibilidad más adecuada a
su entorno de recursos y desarrollo en salud.
En general, los resultados de estos protocolos
se aproximan al 8% de transmisión del PACTG
076 pero no lo alcanzan a igualar.
La segunda corriente comenzó
a complejizar el abordaje, investigando la tolerancia
y toxicidad de todas las drogas antirretrovirales
que se iban incorporando a la práctica clínica,
con el objetivo de permitir o bien contraindicar
su uso en la embarazada. Esto se originó en
gran medida por la necesidad de cumplir adecuadamente
con el nuevo objetivo o paradigma de tratamiento
adecuado y de alta eficacia de la infección
de la mujer embarazada en sí misma. Estos estudios
fueron definiendo drogas que pueden usarse con
relativa seguridad, como el mismo AZT, el 3TC,
la nevirapina, drogas de uso menos seguro pero
posible como los inhibidores de proteasas, y
drogas de uso no recomendado como el efavirenz,
el ddI, el d4T, la hidroxiurea. Con estos protocolos
más extensos y complejos, acompañados de formas
de terminación del embarazo adecuadas, las posibilidades
de éxito son regularmente superiores al 97%.
Existen una serie de diferentes situaciones
en este campo de trabajo:
mujer en tratamiento antirretroviral
que se embaraza,
mujer embarazada que se detecta
infectada en etapas iniciales de la infección
por VIH
mujer embarazada que se detecta
infectada en etapas avanzadas de su infección
por VIH,
parturienta o puérpera que
se detecta infectada (detección tardía).
Cada una de estas situaciones
reclama de actitudes, resoluciones, y manejos
terapéuticos de los antirretrovirales diferentes,
que son del ámbito asistencial específico y
no se detallarán aquí.
Es probable que aún tengamos
novedades sobre todas estas drogas en cuanto
a su perfil de toxicidad en las embarazadas
y a largo plazo en los niños expuestos. En este
sentido es crucial mantener sistemas de monitoreo
que eventualmente permitan detectar cualquier
efecto adverso diferido en el tiempo de estas
drogas, ya que los mismos cambiarían la relación
riesgos/beneficios actual de estas drogas. Existe
actualmente una controversia entre equipos de
investigadores franceses y americanos sobre
este punto ya que los franceses han reportado
algunos problemas entre estos niños, y entre
ellos casos fatales de mitocondriopatía, y los
americanos no encontraron lo mismo.
¿ Cesárea
electiva o parto natural ?
El rol de la carga viral en sangre
materna al fin del embarazo
Desde los primeros momentos de
la epidemia, en cuanto se hizo evidente la transmisión
madre-hijo, surgió el interrogante sobre el
posible efecto protector que pudiera tener sobre
dicho evento la cirugía cesárea. La evolución
de esta cuestión ha sido larga y controvertida,
y aún perdura, pero no impide que hoy aceptemos
algunas evidencias en base a soportes científicos
razonablemente suficientes. De dichas evidencias,
que no se enumerarán aquí, surgen las siguientes
pautas de trabajo:
· en toda mujer con VIH embarazada,
el tratamiento antirretroviral debe perseguir
llegar al momento del parto con una carga
viral en sangre materna indetectable
· según datos recientes de
un estudio franco-americano, las mujeres que
alcanzan dicho objetivo de modo cierto y demostrado
no se benefician de manera significativa con
la cesárea electiva (cesárea electiva es aquella
realizada en forma programada una o dos semanas
antes de la fecha de parto), por lo que pueden
ser llevadas a parto si no hay contraindicaciones
al mismo.
· para toda aquella mujer
en la cual no se alcanzó dicho objetivo, la
cesárea electiva representa una medida adicional
significativa para disminuir el riesgo de
la transmisión, y se le debe proponer sistemáticamente.
· para las mujeres en las
que no se pudo determinar la carga viral al
fin del embarazo por razones de distinto tipo,
la cesárea electiva representa una medida
a tener en cuenta, con potenciales beneficios
y un riesgo adicional sumamente bajo, y también
le debe ser propuesta.
· la cesárea que además de
realizarse en forma electiva (en cuanto a
su momento), se realiza con técnica de bajo
sangrado (llamada "hemostática"), parece disminuir
aún más el riesgo de transmisión sin agregar
ningún riesgo de otro tipo
· se debe evitar toda manipulación
obstétrica, por su mayor riesgo de transmisión
(punción del líquido amniótico, fórceps, ruptura
artificial de membranas, etc)
· no debe arriesgarse el
desarrollo de un trabajo de parto prolongado
que pudiera devenir en una cesárea de emergencia
ya que la misma se halla asociada a un mayor
riesgo de transmisión
· no debiera permitirse una
ruptura de membranas ovulares ("romper bolsa")
de más de cuatro horas, por lo que si en una
mujer con ruptura de membranas no se desencadena
trabajo de parto, se debería realizar cesárea.
Como puede verse, existe hoy
un escenario para el fin del embarazo muy "cargado",
donde no se puede hacer una recomendación categórica
de trabajo, sino que se deben valorar los casos
uno a uno, buscando además siempre el consenso
y acuerdo con la embarazada y su entorno familiar.
A modo de ejemplo, en la Maternidad Port Royal
de París, Francia, dirigida por el Dr L.Mandelbrot,
servicio pionero en esta materia, hoy la práctica
en mujeres con VIH embarazadas se reparte en
aproximadamente un 50% de cesáreas y un 50%
de partos (Dra Isabelle Heard, comunicación
personal). En países como Argentina, una limitante
seria es la escasa disponibilidad de cargas
virales en tiempo y forma como para decidir
en base a las mismas (por los prolongadísimos
tiempos de su gestión en todos los ámbitos),
y otra limitante son las dificultades sociales
de distinto tipo de numerosas pacientes, lo
que lleva a frecuentes problemas de adherencia
(cumplimiento) de los esquemas de antirretrovirales.
Todo esto lleva a que se realicen cesáreas en
alta proporción de pacientes. Esto ha sido hasta
ahora muy productivo en producir descensos de
la transmisión vertical, por ejemplo en el ámbito
de la Secretaría de Salud Pública de Rosario,
y no ha reportado hasta el presente ninguna
complicación de gravedad.
El problema
de la lactancia
La leche materna es el mejor
alimento del niño recién nacido. La leche materna
contiene VIH, que puede infectar al niño amamantado.
Entre estas dos realidades concretas, y contrapuestas,
se encierra uno de los mayores dilemas de trabajo
en relación al VIH, tanto en la escala de decisión
de la salud pública como en el manejo individual
de casos por los equipos de salud, o en las
elecciones que las madres afectadas deben realizar
al respecto. En un plano mundial, la cuestión
se ve atravesada por la imposibilidad material
que tienen los países de escasos recursos para
brindar acceso a leches no-maternas de buena
calidad, y en muchas sociedades donde aún la
regla en relación al VIH es el silencio, al
problema se le agrega la estigmatización que
sufren muchas madres que deciden no amamantar
a sus niños al pecho, de quienes se sospecha
la infección por VIH generando su rechazo.
La transmisión del VIH de madre
a hijo por lactancia ha sido ya claramente demostrada
en numerosos estudios. Por ejemplo, en varios
protocolos de tratamiento antirretroviral para
la disminución de la transmisión vertical, se
pudo ver que los grupos que mantienen la lactancia
indefinidamente muestran curvas acumulativas
de casos, demostrados por pruebas virológicas,
que no se detienen a los seis meses, sino que
continúan aumentando mientras continúa la lactancia.
Se interpreta que esto no se debe a transmisiones
ocurridas durante el embarazo, trabajo de parto
o parto, (que deberían demostrarse con virus
presente antes de los seis meses) sino a la
lactancia propiamente dicha. Esta posibilidad,
de infección por lactancia, se ha estimado entre
un 5 a un 10% para cada niño amamantado de una
madre con VIH. Factores como las grietas del
pezón, mastitis, etc, aumentarían este riesgo.
No obstante esta evidencia, existe
hoy información de peso que señala que más riesgoso
que dar de mamar sólo pecho materno es dar lactancia
mixta (pecho más biberón). Se supone que esto
se debe a la irritación gástrica que produciría
la leche heteróloga, lo que permitiría el ingreso
facilitado del VIH por la mucosa digestiva del
bebé. El mismo estudio que obtuvo estos datos,
muestra que en realidad, hasta los seis meses
ocurren una proporción similar de transmisiones
entre los alimentados con pecho exclusivo y
los alimentados con biberón exclusivo. De los
seis meses en adelante los alimentados al pecho
se siguen infectando, y entre los alimentados
con biberón no se verifican más infecciones.
Esto pareciera indicar un camino interesante
para los países de escasos recursos, donde se
podría plantear a las madres la posibilidad
de dar el pecho en forma exclusiva hasta los
seis meses para pasar entonces al biberón exclusivo.
Así se podría aprovechar lo bueno en el plano
inmunológico, nutricional y afectivo de la lactancia
materna, al mismo tiempo que se evita lo gravoso
del riesgo de transmisión del VIH.
Más allá de estas evidencias
de valor para contextos de pocos recursos, es
pertinente remarcar que hoy en día la recomendación
oficial para Argentina emanada de Normas Perinatales
Nacionales en cuanto a la lactancia para un
niño nacido de una madre con VIH, es la sustitución
con leches maternizadas.
Por último, es de remarcar que
el riesgo de transmisión del VIH por lactancia
se duplica, llegando a un estimado de 20%, si
la madre sufre su primo infección durante la
lactancia (debido a la alta viremia y escaso
nivel de anticuerpos de la primoinfección).
Por esto es que actualmente se promueve que
las madres que amamantan sean conscientes de
este riesgo y se cuiden de no infectarse con
VIH a través del diálogo franco con sus compañeros,
la concurrencia a pruebas voluntarias aconsejadas
del VIH, el uso de preservativos, etc. Para
facilitar esto se están buscando las formas
de sensibilizar a los pediatras sobre este tema,
con frecuencia olvidado, relegado, en la consulta
pediátrica.
Dr. Damián Lavarello
PROGRAMA MUNICIPAL DE SIDA - SECRETARÍA
DE SALUD PÚBLICA - MUNICIPALIDAD DE ROSARIO