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El miedo y la vergüenza sobre el
Sida llevan tanto a varones como a mujeres al silencio
que les impide protegerse. Así, muchos varones y
mujeres, aún sabiendo que se han expuesto en relaciones
sexuales anteriores, no le proponen a su compañera/o
o a su nueva pareja, el uso del preservativo durante
las relaciones sexuales con el consiguiente riesgo
de contagio.
Muchas adolescentes se exponen al
Sida en sus primeras relaciones sexuales sostenidas
con frecuencia con hombres mayores que ellas, con
quienes no pueden ponerse de acuerdo en el uso del
preservativo. Factores anatómicos ponen a la mujer
en condiciones de mayor vulnerabilidad biológica.
En ocasiones la inadecuada educación sexual, la
violencia física y otras presiones no les permiten
a las/os jóvenes, hablar con sus compañero/as y
decidir libremente sobre la relación sexual que
quieren tener. Solo cambiar y poder hablar nos permitirá
protegernos del Sida.
Entre las razones por las cuales
las personas callan, ocultan o expresan parcialmente
sus temores acerca del VIH / SIDA, se encuentra
la intención de ser padres y madres alguna vez,
y una incertididumbre sobre cómo afectaría su aptitud
reproductiva el hecho de saberse infectados con
VIH. Una persona con mucho temor de enterarse de
una infección por VIH, que a su vez tiene muchos
deseos de ser padre o madre, y especialmente si
no ha tenido hijos, puede tomar la conducta de buscar
primero concebir un hijo para luego proceder a realizarse
la prueba de detección del virus. Esto no es una
elaboración teórica sino que surge del trabajo de
quienes cotidianamente nos enfrentamos a personas
y parejas con o sin VIH, en plena edad reproductiva
y atravesados simultáneamente por esta doble cuestión:
querer ser padres o madres, y tener que lidiar con
la difícil tarea de saber si se han infectado o
no con el virus del SIDA. La mayoría de las personas
hoy en día, además, saben o suponen que el VIH puede
pasar a sus hijos por el embarazo, parto o lactancia.
¿Cómo
pueden cuidarse hoy las parejas y cuidar a su bebé
de la transmisión del VIH ?
Hoy en los Hospitales y Centros de
Salud de nuestra ciudad contamos con modernos y
eficaces tratamientos para las madres infectadas
que permiten disminuir mucho la posibilidad de contagio
del bebé.
Para las parejas que están embarazadas,
amamantando, o piensan tener un hijo, es muy importante
saber si están infectados con el virus del Sida.
Pueden pedir información y hacerse una prueba de
detección (análisis del Sida) en cualquiera de los
Centros habilitados a este efecto. Hasta conocer
los resultados, lo mejor es que tengan relaciones
sexuales con preservativos, esta es la forma más
segura de cuidarse, por su salud y la de sus hijos.
Si no pueden comprarlos, pueden pedirlos en las
farmacias de los Centros de Salud y Hospitales,
donde se los entregarán gratuitamente.
La voluntad
de ser padres y madres (el deseo de tener hijos),
el uso del presevativo y el momento de la prueba
de VIH.
La gran mayoría de las mujeres y
los varones deseamos algún día tener hijos y que
estos sean fuertes y sanos. El preservativo, que
evita la transmisión del VIH, es un impedimento
para la concepción. Para las parejas que consciente
o inconscientemente desean tener un hijo, su uso
se va tornando “incómodo” y finalmente el embarazo
se produce "accidentalmente tras varios olvidos".
Por esto, un buen trabajo de prevención del VIH
y promoción de la salud debe buscar instalar en
las parejas la noción de que el cuidado “de hoy”
aumenta la posibilidad de tener hijos sanos en el
futuro. Vale decir, que el uso actual de preservativos
es, algo paradójicamente, lo que habilitará la concepción
futura de un hijo con bajas chances de infección
por VIH y por otras enfermedades de transmisión
sexual. Para superar esta aparente contradicción,
se debe promover que todas las parejas que desean
ser madres y padres accedan a pruebas de VIH antes
de dejar de
usar los preservativos para buscar un embarazo.
Esta propuesta también es válida para las parejas
que se han conformado recientemente y han utilizado
preservativos por un tiempo, que desean dejar de
usarlos por razones personales, si bien no planean
concebir y para ello piensan utilizar algún método
anticonceptivo.
La concepción
de un hijo en parejas con VIH.
La mayor accesibilidad tanto a la
información como a las pruebas de detección de VIH,
que estamos promoviendo desde las líneas anteriores,
ha determinado que hoy día sea cada vez más frecuente
la realidad de parejas en las que uno o los dos
miembros de la misma se halla infectados con el
virus VIH, y que desean tener un hijo. Asumir (en
lugar de negar) el deseo de estas parejas de ser
padres y madres, y aceptarlo como un fuerte orientador
de sus conductas futuras a este respecto, nos permitirá
pensar una respuesta posible para estas personas
que viven con VIH y quieren tener la posibilidad
de enfrentar, como tantas otras parejas, la aventura
reproductiva.
Es fundamental tener presente, a
este respecto, que la realidad que hoy viven muchas
personas con VIH, que se encuentran en muy buen
estado de salud, con una terapéutica de alta eficacia
que consigue cronificar en gran porcentaje de pacientes
la infección, cambia el escenario de muerte de años
atrás, por otro de mucho más amplias expectativas,
y esto no puede dejar afuera prejuciosamente
la posibilidad
del embarazo. Desde ya, a nadie escapan las diversas
consideraciones que corresponden acerca de los diversos
riesgos que han de enfrentar estas parejas y su
o sus futuros hijos/hijas, pero lo que desde aquí
sostenemos, y muchos comparten esta posición, es
que el derecho a ser padres y madres con el menor
riesgo posible, del que disfrutan parejas de otras
condiciones y que a menudo significa también la
posibilidad de tener un hijo con algún problema,
debe ser extendida de forma integral a las parejas
afectadas por la infección VIH.
Es fundamental entonces, que estas
parejas sepan que para buscar el embarazo, se pueden
utilizar algunas técnicas que evitan o disminuyen
sensiblemente el riesgo de infección del miembro
de la pareja no infectado. Entonces a continuación
se describirán los tres escenarios posibles: a)
varón con VIH en pareja con mujer sin VIH, b) mujer
con VIH en pareja con varón sin VIH, y c) ambos
miembros de la pareja con VIH, y su abordaje. Estas
parejas, en las que uno de sus miembros se halla
infectado por el VIH, deben usar siempre preservativos
si es que el integrante de la pareja que no vive
con el virus quiere mantenerse libre del mismo.
a). Varón
con VIH, mujer sin VIH
Para estas parejas, existe dos técnicas:
una técnica que se conoce con el nombre de “lavaje
de semen”, y otra denominada ICSI, que consiguen
la concepción a un riesgo cero a juzgar por los
resultados de los trabajos internacionales y nacionales
existentes a este respecto.
Lavaje de semen: Esta técnica
sólo puede desarrollarse en centros de fertilidad,
vale decir, es institucional, intramuros, con los
cuales la pareja debe ponerse en contacto previamente.
Existen al menos 2 centros que practican este procedimiento
en nuestro país, en la ciudad de Buenos Aires, (el
Instituto Halitus http://www.halitus.com/ e Ifer http://www.ifer.com.ar/ ). Las parejas que
no residen en la misma pueden pedir a sus médicos
tratantes que busquen el contacto con estos centros.
Para el desarrollo de la misma, el varón debe hallarse
en tratamiento antirretroviral con carga viral plasmática
indetectable, y debe monitorearse la ovulación de
la mujer a lo largo de los días esperables. Cuando
se detecta dicho momento, la pareja debe concurrir
a uno de estos centros especializados, donde el
varón deberá obtener su esperma por masturbación.
A continuación el esperma será procesado en medios
de densidad diferencial para producir luego de varias
centrifugaciones y resuspensiones, un líquido conocido
como concentrado de espermatozoides. Esta preparación
no contiene otras células que no sean espermatozoides,
vale decir que está libre de glóbulos blancos que
son la fracción celular de mayor concentración de
virus VIH, y a su vez está libre de casi la totalidad
del plasma seminal, que también contiene virus libre.
Este concentrado se instila dentro del útero de
la mujer de la pareja a través de una cánula y con
una técnica sencilla, que se practica en una camilla
de consultas ginecológicas habituales. Este procedimiento,
descripto por primera vez por Semprini y cols en
el año 1992, es de alta seguridad y no se han reportado
infecciones maternas a la fecha provocadas por el
mismo. La eficacia concepcional del mismo varía
según los centros pero no pasa del 20 % por procedimiento,
por lo que suelen ser necesarias 2 o más prácticas.
El costo en nuestro medio se ubica cerca de los
$600 a $700 por práctica. Existen otros costos previos
y de controles ulteriores que no se mencionan aquí.
ICSI (Inseminación Intracitoplasmática): Esta es otra variante de las técnicas de fertilización
asistida y consiste en la inyección de un solo espermatozoide
directamente dentro del citoplasma del óvulo. Esta
técnica se recomienda en ciertas circunstancias,
como espermatozoides de pobre calidad (alto porcentaje
de espermatozoides anormales, test de hemizona o
test de activación alterados) y/o cantidad insuficiente
para intentar una técnica de fertilización in vitro
convencional. En los casos de varones con VIH, permite
una fecundación in vitro de un óvulo femnino con
un solo espermatozoide, lo cual brinda la más absoluta seguridad
de no-trasnsmisión del VIH, además de sumar a su
favor más alta chance de embarazo. En su contra
esta técnica es de muy alto costo, y trabajosa para
la pareja. Para dar una noción de la pequeña
cantidad de espermatozoides que se necesitan para
esta técnica puede decirse que se han logrado fertilizaciones
con muestras informadas previamente como azoospérmicas
(es decir, no se visualizan espermatozoides en la
muestra de semen), recuperando pocos espermatozoides
luego de concentrar la muestra por centrifugación.
También se utiliza cuando el semen presenta alteraciones
específicas de los espermatozoides, en parejas con
fallas previas en la fertilización in vitro, o por
alteraciones del óvulo.
Obtenidos el semen y el óvulo por
técnicas habituales que no se describirán, y para
la técnica propiamente dicha, se utiliza una pipeta
de sujeción para sujetar al óvulo y una aguja de
inyección. Esta última debe tener un diámetro de
no más de 6 micrones (similar al tamaño de un espermatozoide).
La aguja se carga con un solo espermatozoide seleccionado
entre los de mejor morfología aparente, y se introduce
atravesando la zona pelúcida y el citoplasma del
óvulo, donde se inyecta el espermatozoide con el
menor volumen posible de líquido. El Instituto Halitus
logró el primer embarazo con esta técnica en el
país en abril de 1994, con parto gemelar el día
17 de febrero de 1995. Esta técnica es de alto costo,
y puede usarse, combinada con el lavaje de semen
ya descripto, para aumentar aún más la seguridad
y sobre todo la eficacia del método.
b).-
Mujer con VIH, varón sin VIH
Las decisiones sobre la maternidad
en estos casos son muy difíciles, ya que la primer
consideración que debe realizarse es la posibilidad
, hoy muy baja ( del orden del 2% ) de la transmisión
del VIH de la madre al hijo por el embarazo y parto.
Pueden
consultar a un médico sobre los riesgos de cursar
un embarazo para la salud de la mujer, y sobre las
ventajas y desventajas de los tratamientos de profilaxis
para evitar la transmisión del VIH al bebé, a través
de drogas antirretrovirales y en ocasiones también
a través de una cesárea.
Con la decisión
de la maternidad / paternidad ya tomada, la concepción
tiene una posible resolución de riesgo potencial
cero para el varón, y de costo casi nulo también
que solemos denominar inseminación casera.
Esto consiste en lo siguiente: se le recomienda
a la pareja que en los días estimados de fertilidad
de la mujer, vale decir alrededor de los días 12
a 14 del ciclo femenino habitual, proceda a sostener
una relación como deben hacer siempre, vale decir,
con preservativo, o bien se le indica al varón que
obtenga su semen por masturbación en un preservativo
o en un frasco estéril. Una vez obtenido el semen,
se debe cargar el mismo en una jeringa de 5 a 10
cc, sin aguja, por aspiración suave desde el preservativo
o desde el recipiente. A continuación se debe instilar
el mismo en la vagina de la mujer, que puede favorecer
esta operación abriendo ligermante su vagina con
dos dedos.
c).-
Ambos miembros de la pareja con VIH
En estas parejas, otra vez, la primer discusión
seria debe ser si hay un claro convencimiento de
ambos para el arduo proyecto de ser padre y madre
y sobre todo si se asume el riesgo de la transmisión
del VIH de la madre al hijo, tal como se comentaba
en el caso anterior. Esclarecido esto, estas parejas
tienen la posibilidad de adoptar como método de
elección, el método del lavaje de semen
o el del ICSI
ya descriptos, ya que éstos impiden por completo
cualquier riesgo de transmisión del VIH. Es de relevancia
destacar que no se debe minimizar el riesgo de transmisión
del VIH entre personas que ya se hallan infectadas,
ya que podría ocurrir la re-infección de uno de
los miembros de la pareja con el virus del otro
miembro, y este nuevo virus podría tener otro perfil
de resistencia, llevando al fracaso de la terapéutica
antirretroviral o agravando su pronóstico . Esta
reinfección no es fácilmente detectable, y podría
argumentarse que estas parejas no arriesgan lo mismo
que aquellas en las que solo uno de sus miembros
está afectado, sin embargo, si somos rigurosos con
los riesgos involucrados y la bibliografía existente,
deberíamos ser enfáticos en señalar la necesidad
de que no ocurran nuevas transmisiones de VIH en
estas parejas. Una reinfección podría significar
una diferencia clínica evolutiva notable. Eventualmente,
y como para las parejas serodiscordantes antes mencionadas
en los puntos a) y b), caben las consideraciones
que siguen a continuación.
La concepción
con riesgo disminuido, o cuando mucha técnica
no parece posible.
Pese al indudable
beneficio de evitar una transmisión de VIH entre
miembros de una pareja, las técnicas antedichas
( lavaje de semen, ICSI, e inseminación casera )
pueden no resultar accesibles o sustentables en
el tiempo por diversas razones para muchas parejas.
Entre las razones para esto podrían encontrarse
cuestiones económicas, culturales, o personales.
Es indudable que para que una pareja implemente
cualquiera de dichos métodos, se requiere de un
firme convencimiento de su beneficio, cierto monto
de recursos económicos (en realidad mínimos para
la inseminación casera), y la capacidad personal
de poder hablar todos estos aspectos, manipular
los propios genitales de modo efectivo, no decaer
ante el fracaso del primer intento, etc. Los que
trabajamos en la atención de parejas con estos problemas,
sabemos que muchas, aún con muy buena voluntad,
no reúnen todos estos requisitos, y podrían sufrir
una deriva actitudinal hacia la concepción
de modo natural, vale decir, podrían comenzar a
buscar, consciente o incoscientemente, una concepción
por medio de relaciones sin preservativos, asumiendo
riesgos que tal vez podrían minimizarse. Para estos
casos, cuando los trabajadores de los equipos de
salud detectamos esta actitud o sospechamos que
podría tener lugar en un futuro cercano, es que
se propone hablar del concepto de concepción
con riesgo disminuido.
La concepción
con riesgo disminuido alude a una serie de recomendaciones
que implican para las personas que viven con VIH-Sida
la búsqueda del embarazo con la menor exposición
posible al riesgo de transmisión del VIH entre los
miembros de una pareja. Estas recomendaciones incluyen:
1.-
La consideración de la historia reproductiva previa
de la pareja. Esto alude a tener
presente que hombres y mujeres con VIH pueden, al
igual que hombres y mujeres sin VIH, tener problemas
para concebir un hijo. Entonces, cabe hacer estas
consideraciones: si el varón y la mujer han sido
padre y madre antes, y no han tenido problemas
de salud de su aparato genital (infecciones, tumores,
cirugías, etc.) se puede presumir que son fértiles,
pero de todos modos podría ser oportuno que consulten
con un urólogo y un ginecólogo respectivamente,
o con servicios médicos especializados en reproducción
acerca de sus intenciones. Si este varón y esta
mujer no han sido antes padre y madre, o si uno
de los dos lo fue y el otro no, y sobre todo si
han buscado serlo sin éxito, deberían ser estudiados
con cuanto menos un espermograma ( estudio del semen
) para el varón, y ecografías y un examen físico
la mujer, ya que podría ocurrir que sean infértiles,
vale decir, que tengan poca o nula chance de concebir
en función de una baja cantidad o calidad de los
espermatozoides, de problemas tubarios o cervicales
de la mujer, o problemas de ambos, etc. Si este
varón y esta mujer no se estudian o evalúan ni tan
siquiera mínimamente, podría ocurrir que la pareja
esté buscando el embarazo, a riesgo de transmisión
de la infección de uno de los miembros de la pareja
al otro, con chances bajas o nulas de concebir por
problemas de fertilidad preexistentes. Una transmisión
de VIH en este contexto es, obviamente, una transmisión
innecesaria y evitable
2.-
La consideración de la carga viral del miembro de
la pareja con VIH. Con esto
nos referimos especialmente a la posibilidad de
que el varón con VIH tenga presente que si va a
sostener relaciones sexuales sin preservativos con
su compañera, y su carga viral en sangre es elevada,
entonces existe la posibilidad de que su carga viral
en semen también sea elevada y por esto transmita
el virus. Por esto, es importante tener presente
la posibilidad de que este varón se someta a tratamiento
antirretroviral, o lo modifique u optimize si ya
lo recibe, hasta obtener una carga viral indetectable
en sangre, lo cual se acompañará en general, aunque
no siempre vale aclarar, de cargas más bajas en
el semen. Para mujeres con VIH, esto vale si se
van a sostener relaciones sin preservativos, no
siendo una consideración a tener en cuenta si se
practica la inseminación casera.
3.-
La consideración del momento del ciclo menstrual
femenino. No todos los días del ciclo menstrual
femenino son fértiles. Durante los días de poca
fertilidad, las relaciones sin preservativos conllevan
riesgo de infección y no tienen, prácticamente,
ninguna chance de llevar una concepción. Aproximadamente
a los diez días a partir del comienzo de la menstruación,
empieza el período de mayor fertilidad de la mujer
que dura aproximadamente una semana. Durante esta
semana, es cuando se puede intentar el embarazo
teniendo unas pocas relaciones sin preservativos
(1 a 3, ya que no aumenta la chance por tener un
número mayor). Al finalizar la misma, se debe seguir
usando preservativos normalmente ya que empieza
a disminuir la posibilidad que se produzca el embarazo
mientras aumenta la posibilidad de contagio hasta
llegar al período menstrual que es el período de
mayor posibilidad de transmisión del VIH y de menor
fertilidad. Antes de repetir esta exposición, tal
vez debería consultarse nuevamente a los servicios
de salud.
Todas las consideraciones precedentes
tienen el objetivo de humanizar el trabajo preventivo
y asistencial en el campo del VIH / SIDA. Hombres
y mujeres, cuando sostenemos relaciones sexuales,
vivenciamos al mismo tiempo cuestiones de placer,
de pareja, de poder y procreativas. En medio de
todas ellas, la epidemia de VIH impone la necesidad
de promover el uso del preservativo, que es un medio
anticonceptivo. Considerar el deseo de concebir
un hijo de hombres y mujeres que viven con VIH ,
y pensar en que esto es posible con un riesgo cierto
pero controlable de transmisión del VIH entre los
miembros de la pareja, es un modo de llevar las
distintas cuestiones involucradas a su plano respectivo,
y tal vez habilite a renovar nuestras estrategias
de abordaje de este problema, con una mirada más
amplia y comprehensiva.
Dr.
Damián Lavarello, Noviembre de 2005,
sobre textos de Damián Lavarello y Gustavo Giacosa
publicados en el disco compacto PMSIDA 4 del año
2002. |